Dibujar

Para Koldo

Siempre me ha dado envidia la gente que sabe dibujar. La facilidad con la que, con dos trazos, son capaces de transformar una hoja en blanco en una habitación o un paisaje. Siempre he creído que ese talento me había estado negado. Tampoco le daba más vueltas. Uno cree que tiene ciertas capacidades para expresarse y, desde un principio, el dibujo no fue una de ellas. El hecho de que la escritura sí lo fuera pudo acelerar mi abandono por acercarme, siquiera, al dibujo con ganas de aprender. Recuerdo una vez en primaria que no quería ir a clase. Era raro. Siempre me ha gustado ir al colegio, pero aquella vez no. Aquella vez no quería enfrentarme, como el día anterior, al fracaso de no saber dibujar una serie de figuras que la profesora nos pedía. Esa sensación de fracaso, con menos de cinco años, estaba mezclada con la idea de que me había decepcionado, de que no era capaz de dibujar algo que yo, a simple vista, juzgaba fácil de plasmar. Eso y la impaciencia de querer ver resultados inmediatos han hecho que, finalmente, (me) dijera que no sabía dibujar, y lo más importante, no podía ser capaz de aprender a dibujar.

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Carrera

« En mi vagón decido yo / pero me lleva el tren » Paco Bello

Hace dos años, Sergio me mandó un mensaje con un enlace incrustado y me dijo : « Escucha esta canción ». En ese momento trabajaba en un hotel y, mientras terminaba de meter varias reservas, la escuché. A Sergio siempre le hago caso. Hay dos tipos de canciones en este mundo : las que suenan y las que vuelan. Y ésta, vuela. Con el verano cerca, la invitación de ‘Holgazanear’ de Paco Bello era imposible de no aceptar pero en esa propuesta de «mover nubes en el cielo con tan solo soplar » se esconden, como cajas chinas, ideas que darían para horas y horas de conversación. Como la idea del éxito.

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Pequeñas diócesis

Soy, pero poco. Me reconozco pero no siempre. En este espacio de papel sí puedo hacerlo. Un espacio íntimo a la intemperie donde soy, siento y me reconozco. Y no sé por qué. No sé por qué aquí, a la vista callada de todo el mundo, en este patio interior con vistas al mar, he aprendido a mostrar(me), a escribir(me) y a ver(me). Y tampoco sé por qué no consigo seguir siendo fuera de esta tierra de nadie. No se por qué freno. Incluso en terrenos menos expuestos. Aquí soy, fuera pretendo ser.

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Un canto (no tan) rodado

Esta reseña sobre el libro Las aguas tranquilas. Ocho poetas vascos actuales editado por Renacimiento y antologado por Aitor Francos se ha publicado en la revista (ahora digital) Contrapunto.


Los libros son ventanas. Espacios por los que asomarse para conocer nuevas fantasías, realidades, voces desconocidas e incluso ver nuestra realidad, si es que esto existe, a partir de otros puntos de vista. Con esta premisa, las antologías de varios autores convierten un libro, entonces, en un gran edificio lleno de ventanas. Algunas tienen vistas al exterior y otras al interior. El poeta Aitor Francos ha recogido para la editorial Renacimiento las voces de ocho poetas vascos que escriben en euskera. La alineación elegida es: Rikardo Arregi, Luis Garde, Miren Agur Meabe, Juanra Madariaga, Karlos Linazasoro, Harkaitz Cano, Ángel Erro y Leire Bilbao. En el prólogo de Las aguas tranquilas, Francos ya explica que uno de los objetivos de esta edición es dar visibilidad a unos autores y autoras más allá del ámbito de influencia que marca el idioma en el que se expresan. 

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La gran fuga

Estamos rodeados de pantallas. Recuadros que proyectan imágenes en bucle. Una y otra vez. Sin descanso. Hoy, la imagen es la partícula más pequeña con significado propio, aquella que contiene la verdad. Ahora la palabra, fundamental antes, llega cada vez más vacía, exhausta y manoseada pero la imagen luce brillante, sin mácula, en esas pantallas planas que no reflejan, solo proyectan.

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Si las nubes supieran


El tiempo deshace nubes blancas sobre nuestras cabezas
Si las nubes supieran lo que decimos de ellas, nos nublarían el juicio
Los ojos podan nubes a su medida
Morir en las nubes como quien oye llover  
Ese esfuerzo inútil de querer ver dos veces la misma nube 
El optimista sopla nubes sin perder el aliento
A pesar de las nubes, la luz se busca la vida

‘Otro día’

Otro día

Mañana será otro día, dicen

pero cuando amanece lo tratamos igual que al anterior.

Con el mismo desdén con el que despedimos el día de ayer cuando no cumplió nuestras expectativas.

Nunca es el día correcto. Nunca llega a tiempo. Siempre es tarde. O demasiado pronto.

Yo me pongo en la piel de los calendarios.

Unos tienen todos sus días tachados, como negados.

Otros están en blanco, inmaculados, como si no hubiera pasado el tiempo.

Todos están decepcionados con nosotros.

Tampoco respondemos a sus expectativas. 

La búsqueda

Se me da bien una poesía que no me gusta. Me he cansado de leer los mismos versos una y otra vez y ahora resulta que escribo esos mismos versos y los aborrezco. Es un círculo vicioso del que intento salir pero no lo consigo. Si consigo escribir otro tipo de versos, éstos me suenan aún más artificiales que los que escribía antes y cuando vuelvo a esos versos que me salen con más naturalidad, vuelvo al punto de partida: se me da bien una poesía que no me gusta. Continue reading