Madrid congelado

La lluvia no tiene buena prensa. Ni siquiera en Euskadi. Incomoda, entorpece, molesta pero no impide, y eso es lo peor. No es tan mala como para detener tus pasos pero sí lo convierte todo en una tarea más difícil. Aun así, puedes seguir haciendo tu vida. Digamos que todo esto pasa con esa lluvia diaria, a granel, que nos encontramos en esos miércoles que, justo cuando sales de trabajar, te dan una puñalada trapera y se convierten en verdaderos lunes de manual. La tormenta de verano es otra cosa. Sigue sin ser maravillosa pero ese algo torrencial que tiene la lluvia estival lo cambia todo.

Madrid_Congelado

Mi primer verano en Madrid está dando todo lo que lleva dentro. Calor y bochorno. Sin tregua. Calor en cada esquina, en cada pliegue de la cama. Calor constante, perseverante, infinito. Tan pegajoso que consigue congelar la vida de la ciudad. Suena a paradoja pero es cierto. Como cuando un gramófono se va quedando sin cuerda, y la música se va deteniendo poco a poco, reproduciendo sonidos grotescos hasta que finalmente se para. No puede seguir. Se congela. Así es el calor de Madrid. Lo bueno o malo de todo esto es que llega un momento en que lo asumes y te dejas congelar por el calor asfixiante de Madrid. Continue reading

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Crea tu propio relato

Caixaforum acoge la exposición ‘El peso de un gesto. La mirada de Juliâo Sarmento a las colecciones Gulbekian, MACBA y La Caixa’. El artista portugués ha escogido un serie de obras (cuadros, esculturas, intalaciones, vídeos, fotografías, etc…) de las tres colecciones mencionadas crando un nuevo corpus expositivo tan interesante como irregular. 

Después de experimentar tantos estímulos y tan diferentes, tanto en fondo como en forma, el espacio participativo de la muestra es algo complementario a las obras porque convierte al espectador en artista usando los elementos expuestos y divertido e intenso porque propone la construcción de un relato breve. 

El sistema pone el punto de partida y tres elementos existentes en la exposición (uno aleatorio y los otros dos escogidos por el espectador) con los que crear una minipieza literaria que es expuesta en los monitores de la sala casi de manera instantánea.

En esta galería presento el relato que he creado justo en ese momento, en ese lugar y con esas imágenes dadas y escogidas.

Un clásico

 

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Este relato ha quedado cuarto en el VIII Concurso de microrrelatos de las bibliotecas municipales del Ayuntamiento de Madrid. En este enlace se pueden consultar los ganadores.

Un clásico

Estantería de una biblioteca pública. Dos libros. Lomo con lomo.

– Oye, ¿y tú de qué vas?

– Yo, soy Don Quijote.

– Ya pero, ¿de qué vas?

– ¿No me conoces?

– Eh, no.

– Pero, ¡si soy un clásico!

– No te ofendas pero es que paro muy poco por aquí. No hacen más que prestarme y viajo mucho.

– Yo también.

– ¿Sí? Nadie lo diría con la cantidad de polvo que tienes.

– Ya te he dicho que soy un clásico.

– Claro, claro.

– ¿Y tú de que vas?

– Ni idea, no he tenido ni tiempo para leerme pero dicen que soy imprescindible.

– Ya, un clásico.

Desvíos

El taxi avanza por la autopista. Ángel mira por la ventanilla y ya distingue el aeropuerto. Suena el móvil. Descuelga.

desvios– ¿Hola?
– Hola. Soy yo.
– Ya. Dime.
– Estoy en el coche. Voy de camino.
– ¿De camino a dónde?
– ¿Cómo que a dónde? Al piso. A buscarte. En diez minutos estoy ahí.
– ¿De qué estás hablando?
– Nos vamos ¿No te han llamado?
– No ¿A dónde vamos?
– No lo sé todavía. Ya saben el objetivo. Eso me han dicho.
– ¿Y quién es?
– Y yo que se. Pareces nuevo, joder. Nunca me lo dicen.
– Tranquilízate, mujer. No sería la primera vez que te dan una foto o alguna pista.
– Nunca tan pronto. Además, qué importa eso. Algún cabrón que merece una bala en la cabeza.
– Claro. Continue reading

Dos mujeres

Juan ya se ha dormido. María apaga la luz azulada del flexo de la mesilla y sale del cuarto. No es fácil coger el sueño cuando hace frío. Antes de salir, coge la mochila del niño, deja la puerta entreabierta y avanza, a oscuras, por el pasillo. La bombilla desnuda de la cocina es la única luz encendida del piso. Despeja la mesa, quita el frutero y pone la mochila encima. De ella saca un cuaderno, cartulinas de colores y un estuche.

dosmujeresMaría se sienta y, aplicada, se pone a la tarea. Con dos trozos de cartulina, uno rosa y otro azul, recorta un puñado de pequeños corazones y los reserva en un lado de la mesa. De un bolsillo del grueso jersey de lana que lleva saca un papel arrugado y doblado en cuatro. En él hay notas, como versos sueltos escritos a mano. Abre el cuaderno, arranca una hoja y comienza a copiar, con esmero, los versos de una hoja a otra. Coge el pegamento de barra del estuche, coloca los corazones en uno de los márgenes del papel y los pega. Satisfecha con el trabajo, lo culmina poniendo su nombre al final y el título al principio: ‘La bondad’. Guarda el poema en el cajón del armario de la cocina en el que archiva las facturas, recoge el material escolar de Juan y deja la mochila sobre la mesa. María apaga la luz y se va a la cama a intentar dormir un poco. Continue reading