Perros

Alexander Pushkin, el padre de la literatura rusa moderna, era mestizo. Por eso Juan, sentado en el pequeño sofá de la recepción mientras espera a ser atendido, decidió, en su día, poner a su carlino el nombre de Pushkin. Se parecen, dice convencido. Durante la espera, Pushkin, el perro, no el escritor, mantiene una mirada perdida y una respiración entrecortada y dificultosa que advierte de que, al menos, está vivo y no es de porcelana.

Credit: Robert Doisneau.

A su lado está Elena, una perra mestiza y despeinada que aprovecha la pierna de su dueña, Kira, para mantenerse en una posición digna. Elena tiene quince años; no ve, oye muy poco, sus huesos apenas le sostienen pero está en el momento más feliz de su vida. Elena y Pushkin están uno al lado del otro pero ninguno ha notado la presencia del otro. Ella está demasiado ciega y él demasiado ensimismado para darse cuenta de la compañía. Elena y Pushkin son clientes del hotel durante el fin de semana. A sus dueños también les dejaron quedarse. Continue reading

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Del chopo y otras maderas

Yo no he visto jugar a Iribar pero mi padre sí. Y en el Athletic eso es suficiente. Basta escuchar una parada espectacular de ‘El Chopo’ de boca de mi padre para asumir ese recuerdo como mío.

Todos los aficionados al Athletic hemos visto a Iribar estirarse a por un balón con las manos desnudas. O al Gamo de Dublín correr la banda por un campo infinito. O a Fidel Uriarte saltando a por un balón de cabeza como si fuese el último. O centrar a Argote con esa elegancia casi mecánica: “Sin girar el cuerpo”, repite mi padre con la imagen aún en su retina.

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Cuando yo entré por primera vez en San Mamés lo hice como la mayoría, agarrado de la mano de mi padre y abrumado por olores, colores y comentarios. Mezclados entre la gente, buscando nuestra localidad, mi padre se paró y me dijo: “Mira, ése es Panizo”. Nunca le había visto jugar. Tan sólo dos fotos en casa recuerdan a esa delantera mágica como si fueran parientes lejanos. Pero yo me quedé con la boca abierta. Eso es el Athletic.

Y en estos momentos de realismo sucio, cláusulas y contratos, no duden que yo diré que un día vi a Yeste llorar en San Mamés, a Llorente bailar sobre la línea de cal como un equilibrista y a Aduriz quedarse suspendido en el aire durante una eternidad.

Una versión modificada de este artículo se publicó el 30 de septiembre de 2012 en El Desmarque Bizkaia.

#avionesdepapel

Avionesdepapel

Pistas de aterrizaje improvisadas:

barra de bar, ciudad inesperada, acera rota.

Porque planear no sólo es hacer planes,

el avión amarillo nos trajo aquí mecidos por el viento.

Foto y avión: Marieta Ortega

Prosperidad

prosperidadUn hombre entra en el bar con cara de frío, saluda con confianza al camarero y en cuestión de segundos le sirve un café con leche en vaso pequeño con una porra, no tan pequeña, al lado, y como colofón le coloca un vaso de agua fría. Yo mojaba mi churrito escuálido en el café mientras no podía dejar de mirar cómo, no sin dificultad, el hombre, empeñado y hambriento, mojaba la porra en su café de a pocos, para no quedarse sin líquido en el primer intento. Vuelvo a mi vaso y pienso en lo que voy a pedir a la mañana siguiente. Continue reading