Perros

Alexander Pushkin, el padre de la literatura rusa moderna, era mestizo. Por eso Juan, sentado en el pequeño sofá de la recepción mientras espera a ser atendido, decidió, en su día, poner a su carlino el nombre de Pushkin. Se parecen, dice convencido. Durante la espera, Pushkin, el perro, no el escritor, mantiene una mirada perdida y una respiración entrecortada y dificultosa que advierte de que, al menos, está vivo y no es de porcelana.

Credit: Robert Doisneau.

A su lado está Elena, una perra mestiza y despeinada que aprovecha la pierna de su dueña, Kira, para mantenerse en una posición digna. Elena tiene quince años; no ve, oye muy poco, sus huesos apenas le sostienen pero está en el momento más feliz de su vida. Elena y Pushkin están uno al lado del otro pero ninguno ha notado la presencia del otro. Ella está demasiado ciega y él demasiado ensimismado para darse cuenta de la compañía. Elena y Pushkin son clientes del hotel durante el fin de semana. A sus dueños también les dejaron quedarse. Continue reading

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