Funambulistas

Hacer arte es un ejercicio complejo. Más allá de la incomprensión actual hacia aquellos que se empeñan en elegir el camino creativo para vivir, crear historias, personajes, imágenes, frases o versos no es sencillo. Lo íntimo y lo público son dos planos que se cortan formando una fina línea sobre la que el creador camina. Mientras el cuerpo se convierte en la caja de herramientas donde el artista busca y rebusca, entre sentimientos, recuerdos e ideas, algo original y honesto que contar, alrededor de ese cajón de sastre está lo demás : los ojos que miran, los que analizan, los que, multiplicados, forman una sociedad donde, como decía Torrente Ballester, « el talento es una incorrección imperdonable ». Así, el artista se convierte en un funambulista que se desliza sobre un cable resbaladizo.

weisbach

Cuenta el formidable actor Javier Cámara en una entrevista que siempre tiene la sensación de ser un impostor. De no merecer estar donde está. Aunque, según él, ese sentimiento va disminuyendo con los años, relata que cuando está en un rodaje, por ejemplo, cree que alguien le va a tocar en el hombro por detrás y le va a decir : « Ya es suficiente, tu tiempo de hacer lo que quieres ya se ha acabado ». La confianza es como esa barra que los funambulistas usan para manener el equilibrio y los actores son los artistas más transparentes sobre lo inestable de ese material. En cada proyecto empiezan de nuevo. Decía Billy Wilder que uno vale lo que su mejor obra pero no parece que los directores de casting sean de la misma opinión. Esa exposición constante al juicio, a la valoración permanente por cualquiera no es nueva pero les hace tambalearse.

En una entrevista publicada en Experimentos con la verdad, Paul Auster habla de un instante clave en su vida. Estaba en un momento muy delicado : casi sin dinero, con una novela policíaca que no funcionó, un hijo y un matrimonio en crisis. Casi sin confianza y con su mundo derrumbándose, trasnocha para escribir una historia nacida de su emoción tras ver una función de danza que montaba un conocido. Se volvió a sentir escritor. Se acuesta exhausto a las cuatro de la mañana y a las ocho en punto suena el teléfono y Auster recibe la noticia de que su padre ha fallecido repentinamente y le ha dejado una herencia. El escritor americano cuenta que « no fue una gran suma pero (…) bastó para transformar completamente mi vida. (…) En el fondo es una ecuación terrible. Pensar que la muerte de mi padre salvó mi vida ».

Siempre me ha llamado la atención esa anécdota. Describe perfectamente uno de los materiales de los que está hecho el cable por el que caminan los artistas : la suerte. Uno es artista pero solo el reconocimiento social, masivo o minoritario, completan esa etiqueta. Por mucho que lo evitemos, al menos hoy en día, aquellos que creamos, buscamos la aceptación aunque sea con el rabillo del ojo. Y muchas veces, quien convierte a una camarera que dice que es actriz en una artista que busca su camino es la suerte. Si ésta no aparece, nada cambia sobre el talento o la creatividad de esa camamera o de ese reponedor pero la gente no lo sabe, no se entera.

Y de la misma historia se desprende otro material fundamental para no caerse del cable : el tiempo. Crear, aunque ahora las nuevas tecnologías nos trasladan la idea de que ser fotógrafo, guionista o escritor es sencillo y rápido, requiere tiempo y trabajo. Justo lo que escasea y lo que un artista intenta comprar con un empleo cualquiera, con becas o con premios. Pero todo el mundo sabe que si corres por el cable, acabas cayendo al vacío; pero claro, un artista que crea pierde el tiempo. Siempre ha caído mejor la hormiga que la cigarra. La sociedad penaliza el proceso. Si quieres, crea, pero hazlo rápido.

Dice Neil Gaiman que cuando las cosas no van bien : « Haz buen Arte ». Suena manido pero es verdad. A pesar del viento provocado por el murmullo de los mediocres, a pesar de que la confianza se parta por la mitad o que la suerte se deshaga bajo los pies : camina por el cable.

Este artículo se ha publicado originalmente en la edición de marzo del periódico municipal Bilbao.

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