Funambulistas

Hacer arte es un ejercicio complejo. Más allá de la incomprensión actual hacia aquellos que se empeñan en elegir el camino creativo para vivir, crear historias, personajes, imágenes, frases o versos no es sencillo. Lo íntimo y lo público son dos planos que se cortan formando una fina línea sobre la que el creador camina. Mientras el cuerpo se convierte en la caja de herramientas donde el artista busca y rebusca, entre sentimientos, recuerdos e ideas, algo original y honesto que contar, alrededor de ese cajón de sastre está lo demás : los ojos que miran, los que analizan, los que, multiplicados, forman una sociedad donde, como decía Torrente Ballester, « el talento es una incorrección imperdonable ». Así, el artista se convierte en un funambulista que se desliza sobre un cable resbaladizo.

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Cuenta el formidable actor Javier Cámara en una entrevista que siempre tiene la sensación de ser un impostor. De no merecer estar donde está. Aunque, según él, ese sentimiento va disminuyendo con los años, relata que cuando está en un rodaje, por ejemplo, cree que alguien le va a tocar en el hombro por detrás y le va a decir : « Ya es suficiente, tu tiempo de hacer lo que quieres ya se ha acabado ». La confianza es como esa barra que los funambulistas usan para manener el equilibrio y los actores son los artistas más transparentes sobre lo inestable de ese material. En cada proyecto empiezan de nuevo. Decía Billy Wilder que uno vale lo que su mejor obra pero no parece que los directores de casting sean de la misma opinión. Esa exposición constante al juicio, a la valoración permanente por cualquiera no es nueva pero les hace tambalearse. Continue reading

Mirar

Tarde o temprano tenía que llegar. Escribir una columna de opinión en un periódico y dedicar una de ellas a Julio Camba es cuestión de tiempo. He tardado casi seis años. Algunos pensarán que llego tarde; otros que demasiado pronto. Supongo que en un momento dado uno tiene la necesidad de reconocer a quien dio forma a este género periodístico. Ese instante viene cuando se da la mezcla entre la dificultad que tiene escribir y estructurar ideas de manera concreta, con la lectura o relectura de los artículos del periodista gallego.

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Acabo de regresar a Camba gracias a una recopilación de los textos que escribió durante el año en el que el diario ABC le envió como corresponsal a Nueva York. Era 1916. Una serie de piezas que van desde las notas de color de una ciudad que ya crepitaba hasta la reflexión política en un momento en el que Estados Unidos decidía entrar en la Primera Guerra Mundial. Un espacio corto en el que Camba da, sin embargo, la medida de lo que puede ofrecer su estilo. Cien años después de su publicación y con el contexto social y político totalmente transformado, los artículos respiran con fluidez, como si hubieran sido escritos ayer mismo. Continue reading