Crea tu propio relato

Caixaforum acoge la exposición ‘El peso de un gesto. La mirada de Juliâo Sarmento a las colecciones Gulbekian, MACBA y La Caixa’. El artista portugués ha escogido un serie de obras (cuadros, esculturas, intalaciones, vídeos, fotografías, etc…) de las tres colecciones mencionadas crando un nuevo corpus expositivo tan interesante como irregular. 

Después de experimentar tantos estímulos y tan diferentes, tanto en fondo como en forma, el espacio participativo de la muestra es algo complementario a las obras porque convierte al espectador en artista usando los elementos expuestos y divertido e intenso porque propone la construcción de un relato breve. 

El sistema pone el punto de partida y tres elementos existentes en la exposición (uno aleatorio y los otros dos escogidos por el espectador) con los que crear una minipieza literaria que es expuesta en los monitores de la sala casi de manera instantánea.

En esta galería presento el relato que he creado justo en ese momento, en ese lugar y con esas imágenes dadas y escogidas.

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Diferencia de edad

Tengo 33 años pero soy mayor que yo. Me llevo varios años de diferencia. No siempre los mismos pero nunca tengo la misma edad. Siempre más.

En una ocasión, cuando era niño, me saqué casi veinte años. Mi madre dice que tenía doce pero se equivoca. La primera vez que fui al teatro. Fue increíble. Todo encajaba. Recuerdo que me sentía cómodo. Entendía las reglas y me creía todo lo que pasaba en el escenario aun sabiendo que todo era mentira. Una mentira que me dejó fascinado para siempre.

relojes-de-arena-3O como la primera vez que vi París. Según el carné de identidad tenía 17 años. Recuerdo que una compañera del viaje de estudios me dijo: “¿Tú ya has estado aquí más veces, verdad?”. Yo le diie que no, claro. Ahora lo pienso y puede que en ese momento me sacara unos años de diferencia y ya me había dado tiempo a visitar París varias veces y sentir, a mis oficiales 17 años, que aquella ciudad no era nueva para mí. Continue reading

Por otra cabeza

Me gusta ese bar. Es un bar de pueblo. De esos multiusos. A la mañana cafetería para los madrugadores, a mediodía taberna para la ronda de vinos de los parroquianos, a la tarde agradable pub y a la noche, a veces, discoteca para los jóvenes rezagados que se iban a quedar en casa sin salir.

Esa tarde, desde mi mesa-escritorio del fondo, el bar rumoreaba con voz de niño y de jugador airado de cartas. La música llenaba huecos sin brillantez pero con oficio y la camarera con la sonrisa más bonita que he visto a ese lado de la barra me ponía otro café.

orijinalsidi.tumblr.com

Yo seguía sumergido en mis papeles, en mis notas confusas mientras el bar bullía con más o menos volumen. No siempre me pasa pero de vez en cuando necesito salir del vacío de mi cuarto, de mi ordenador y su silencio para notar que fuera de esa tranquilidad hay gente que vive y hace ruido. Quizás sea por contraste pero la concentración llega a mis oídos con más rapidez y profundidad. Y cuando quiero despertar de esa burbuja no tengo más que levantar la mirada y observar ese universo de relaciones y gestos. Continue reading

El batallón de Georges

Pierre Pascal ha muerto. Amigo de Georges Brassens, fiel componente de ese batallón incondicional del cantante de Sète, Pascal fue uno de los primeros en traducir al español las canciones de Brassens. En realidad, Pascal lo hizo con la idea de que Brassens grabara un disco en español, algo muy en boga en la época para abrir mercados. Brassens desechó la idea porque no le gustaba su voz en español y, además, no se sentía muy cómodo en la España de Franco (y viceversa). Finalmente, con esas adaptaciones, Paco Ibañez grabó un disco fundamental para dar a conocer la obra del francés más allá de los Pirineos. 

El 12 de junio de 1957, en el programa de Henri Spade  Au coin du feu avec Georges Brassens, Pierre Pascal canta La mala reputación acompañado del propio Brassens y rodeado, cómo no, de buenos amigos y buen vino.

Gracias a Pierre Schuller por la información.

Pepitas de oro

Dejé Montreal pensando que no iba a hacer muchas más cosas por primera vez pero me equivoqué, claro. Este mes pasado fui por primera vez a la feria del libro de Madrid. La verdad es que siempre lo había idealizado un poco. Supongo que la culpa la tiene Madrid. Quiero decir que para un tipo de provincias como yo, por mucho de Bilbao que uno sea, todo lo que ocurre en la gran ciudad adquiere una mayor trascendencia. Y no digo necesariamente mayor calidad sino importancia. Por Madrid pasa todo el mundo, aunque sea por casualidad y no miro a nadie, y eso le da una relevancia imposible de igualar. Y un microclima preciso de toda esa idealización, trascendencia e importancia de la capital es la feria del libro. Tenía ganas de pasear por el Retiro para ver libros, así que como un turista me pertreché de agenda, bolígrafo y agua para soportar el calor y apuntar todo lo interesante. Me apetecía descubrir. Ése era el principal objetivo : buscar pepitas de oro entre montañas y montañas de libros.

pepitasY la primera pepita de oro que encontré fueron los libreros. Llegué con la feria casi en su ecuador y los responsables de las casetas acusaban ya cierto cansancio de la exposición continua de mucha gente y unos cuantos lectores interesados. Hace un tiempo yo estuve al otro lado de la caseta, en Bilbao, y no es fácil mantener el interés, las ganas de dar a conocer tu fondo y la paciencia de escuchar peticiones de títulos masivos cada dos por tres cuando lo que yo vendía era narrativa contemporánea europea, fundamentalmente nórdica. Porque claro, no es lo mismo que estés en una caseta de esa gran editorial a que estés, por ejemplo, en la caseta de ese archivo histórico que no sabías que existía. En ningún caso es fácil. Continue reading