¡Es la campaña, estúpido!

Otra campaña electoral más. La segunda en cinco meses. Ya está a punto de acabar. Parece que todo está contado. Y puede que sí, pero la semana pasada vi este vídeo electoral de campaña y movido por una conversación con una experta en ciencia política me ha surgido una reflexión que quiero compartir.

Seguro que lo han visto. En voz en off, Pablo Iglesias habla de sillones dando la vuelta al argumento usado por sus contrincantes de que Podemos se fija más en qué cargos puede ocupar más que en los programas y políticas para cambiar el país. Y, sinceramente, es impecable. Cuando lo vi, pensé : «Lo han vuelto a hacer ».

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Porque cuando terminó la campaña de diciembre, pensé que el trayecto electoral morado fera digno de estudio. No hicieron nada mal y aprovecharon cada esquina que les otorgaba un sistema no acostumbrado a tener cuatro rivales en vez de dos para lanzar sus mensajes. Desde la estrategia de ir a por el votante socialista de toda la vida defraudado usando el Pablo Iglesias fundador del Psoe o exprimir, como nadie, el minuto final del debate a cuatro que supuso un antes y después en la campaña (a pesar del golpecito en el pecho).

Resulta que empieza una nueva campaña y Podemos, que ya no tiene que remontar sino más bien lo contrario, ya empieza llevando la iniciativa con una coalición con IU. Algo que retuerce la famosa ley electoral. Si D’Hondt no va a Mahoma, Mahoma va a D’Hondt. Y lo que antes era un debe tradicional en la izquierda, ahora se ha convertido en un haber fundamental que puede cambiar la composición el arco parlamentario.

Y de ahí, una colección de gestos y efectos que lleva a Podemos a no perder la iniciativa y marcar la agenda de la campaña, incluso cuando tiene más que perder que en diciembre. Al principio apareció Anguita y marcó las reacciones y luego Iglesias mentó a Zapatero usando a un símbolo socialista (arrinconado por su propio partido) para ocupar el espacio socialdemócrata dejado por el Psoe. O la genialidad de usar un elemento tan denostado como el programa electoral y convertirlo en un catálogo de Ikea y encima cobrar por ello.

Y con todos estos elementos y con una segunda campaña electoral en cinco meses a punto de acabar, ¿Cómo es posible que sus contrincantes políticos sigan haciendo la misma campaña bipartidista? ¿Cómo es posible que el Psoe no haga nada, a nivel de comunicación, para recuperar la iniciativa política que día tras día le arrebata Podemos? ¿Es posible creer que en el socialismo no haya especialistas en esta nueva manera de comunicar? ¿Aún creen que es suficiente apelar a la antigüedad y a lo hecho para aplacar los constantes ataques y réplicas electorales de los morados?

1398342739_778369_1400697449_album_normalNada cabe esperar del Partido Popular en cuanto a innovaciones ni modernidades puesto que precisamente ese inmovilismo como concepto político le sigue manteniendo a flote. Merengues incluidos. Pero el socialismo lleva casi seis años buscándose, desde aquel cueste lo que cueste, me cueste lo que me cueste, sin ser capaz de volver a desarrollar ese músculo progresista que le colocaba como alternativa natural al gobierno. Y cuando ha querido reaccionar, ha aparecido un contrincante a su altura y ha sido incapaz, además, de comunicar o contracomunicar, si es que esta palabra existe, la fuerza y el ímpetu de esa llamada nueva política. Y Ciudadanos empezó con un movimiento dudoso de viajar a Venezuela para hacer campaña para el 26J y siguió usando elementos del bipartidismo, vídeos ramplones o marcar músculo en Cataluña.

Esa buena mano de Podemos para interpretar sus puntos débiles y usar los lugares comunes que ofrece la campaña para darlos la vuelta y convertirlos en ejes de su discurso electoral deja otras dos reflexiones. La primera es que ante la incapacidad del resto de formaciones de seguir el ritmo morado en campaña, su destreza se magnifica. Y la segunda es que esa habilidad destacada genera cierta inquietud por el dominio a la hora de transformar mensajes negativos en positivos y la contundencia con que lo hacen y dando la sensación de que son capaces de cualquier cosa.

Las campañas se han vuelto más entretenidas, siguen siendo pesadas por la tendencia de los partidos a estar permanentemente en campaña y no ver la diferencia en ocasiones, pero lo que sí demuestran es que España necesita hacer mucha gimnasia electoral y democrática para que estos gestos y giros de muñeca que aún sorprenden, dejen de hacerlo y se conviertan en tomas y dacas inteligentes de una sociedad acostumbrada a revisar sus discursos.

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