Del chopo y otras maderas

Yo no he visto jugar a Iribar pero mi padre sí. Y en el Athletic eso es suficiente. Basta escuchar una parada espectacular de ‘El Chopo’ de boca de mi padre para asumir ese recuerdo como mío.

Todos los aficionados al Athletic hemos visto a Iribar estirarse a por un balón con las manos desnudas. O al Gamo de Dublín correr la banda por un campo infinito. O a Fidel Uriarte saltando a por un balón de cabeza como si fuese el último. O centrar a Argote con esa elegancia casi mecánica: “Sin girar el cuerpo”, repite mi padre con la imagen aún en su retina.

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Cuando yo entré por primera vez en San Mamés lo hice como la mayoría, agarrado de la mano de mi padre y abrumado por olores, colores y comentarios. Mezclados entre la gente, buscando nuestra localidad, mi padre se paró y me dijo: “Mira, ése es Panizo”. Nunca le había visto jugar. Tan sólo dos fotos en casa recuerdan a esa delantera mágica como si fueran parientes lejanos. Pero yo me quedé con la boca abierta. Eso es el Athletic.

Y en estos momentos de realismo sucio, cláusulas y contratos, no duden que yo diré que un día vi a Yeste llorar en San Mamés, a Llorente bailar sobre la línea de cal como un equilibrista y a Aduriz quedarse suspendido en el aire durante una eternidad.

Una versión modificada de este artículo se publicó el 30 de septiembre de 2012 en El Desmarque Bizkaia.

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