Rodillas

«Es difícil levantarse cuando crees que ya has hecho todo lo posible antes de ser derribado, cuando crees que les habías convencido antes del último empujón que ha doblado tus rodillas, cuando estabas convencido de tener razón y ellos iban a entenderlo. Pero te levantas porque, además de razón tienes emoción y es entonces cuando vuelves a ser invencible y tus rodillas vuelven a sostenerte».
Daniel Pinot-Beauchemin. Activista, escritor y miembro de la Resistencia francesa durante la ocupación alemana. (Narbonne, 1917- Paris, 2010).

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Cosas que pasan

IMG_20160608_105412Llego al Rio Narcea con el periódico Bilbao bajo el brazo. El mes pasado escribí un artículo en el que aparecía este bar, mi bar desde que estoy en Madrid, y decidí darles un ejemplar y presentarme. Termino el café y cuando recojo el cambio le pongo al día al camarero. Entonces, él me interrumpe y me dice que ya lo sabía. Perplejo, miro cómo se acerca a una balda, rebusca papeles y encuentra un recorte de periódico con el artículo que yo escribí. “Unos amigos nos lo trajeron hace unos días” y siguió: “No sabíamos quién podría ser. Así que Joel López eres tú”.  Con la sensación del cazador cazado, les dejo el periódico y salgo con una sonrisa pensando que por mucho que me empeñe, lo que escribo deja de ser mío en el momento en que se imprime. Y brindo por ello. 

¡Es la campaña, estúpido!

Otra campaña electoral más. La segunda en cinco meses. Ya está a punto de acabar. Parece que todo está contado. Y puede que sí, pero la semana pasada vi este vídeo electoral de campaña y movido por una conversación con una experta en ciencia política me ha surgido una reflexión que quiero compartir.

Seguro que lo han visto. En voz en off, Pablo Iglesias habla de sillones dando la vuelta al argumento usado por sus contrincantes de que Podemos se fija más en qué cargos puede ocupar más que en los programas y políticas para cambiar el país. Y, sinceramente, es impecable. Cuando lo vi, pensé : «Lo han vuelto a hacer ».

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Porque cuando terminó la campaña de diciembre, pensé que el trayecto electoral morado fera digno de estudio. No hicieron nada mal y aprovecharon cada esquina que les otorgaba un sistema no acostumbrado a tener cuatro rivales en vez de dos para lanzar sus mensajes. Desde la estrategia de ir a por el votante socialista de toda la vida defraudado usando el Pablo Iglesias fundador del Psoe o exprimir, como nadie, el minuto final del debate a cuatro que supuso un antes y después en la campaña (a pesar del golpecito en el pecho). Continue reading

Del chopo y otras maderas

Yo no he visto jugar a Iribar pero mi padre sí. Y en el Athletic eso es suficiente. Basta escuchar una parada espectacular de ‘El Chopo’ de boca de mi padre para asumir ese recuerdo como mío.

Todos los aficionados al Athletic hemos visto a Iribar estirarse a por un balón con las manos desnudas. O al Gamo de Dublín correr la banda por un campo infinito. O a Fidel Uriarte saltando a por un balón de cabeza como si fuese el último. O centrar a Argote con esa elegancia casi mecánica: “Sin girar el cuerpo”, repite mi padre con la imagen aún en su retina.

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Cuando yo entré por primera vez en San Mamés lo hice como la mayoría, agarrado de la mano de mi padre y abrumado por olores, colores y comentarios. Mezclados entre la gente, buscando nuestra localidad, mi padre se paró y me dijo: “Mira, ése es Panizo”. Nunca le había visto jugar. Tan sólo dos fotos en casa recuerdan a esa delantera mágica como si fueran parientes lejanos. Pero yo me quedé con la boca abierta. Eso es el Athletic.

Y en estos momentos de realismo sucio, cláusulas y contratos, no duden que yo diré que un día vi a Yeste llorar en San Mamés, a Llorente bailar sobre la línea de cal como un equilibrista y a Aduriz quedarse suspendido en el aire durante una eternidad.

Una versión modificada de este artículo se publicó el 30 de septiembre de 2012 en El Desmarque Bizkaia.

Torneos

Porque, después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol.”

Albert Camus (1913-1960) Escritor francés.

El fútbol mueve millones, vende camisetas, los jugadores se han convertidos en ídolos juveniles y soportes publicitarios muy cotizados.

El fútbol satura. Siempre se está jugando un partido de fútbol en algún lugar del mundo (y lo puedes ver por televisión). La prensa o la radio están pendientes de cada movimiento, por insignificante que parezca, de cada jugador de cada equipo de cada liga.

El fútbol ya no es lo que era, ya no es aquel deporte espontáneo e imprevisible que aún recordamos de las anécdotas de los abuelos (e incluso de los padres). Ahora todo está pensado, hay muy poco lugar para la improvisación.

El fútbol es así. Fútbol es fútbol. No hay rival pequeño. Hasta el pitido final todavía hay partido. Tópicos, tópicos y más tópicos

eurocopaTodo eso es verdad. Pero el fútbol es maravilloso. Sobre todo en tiempos de torneos internacionales como la Eurocopa que hemos disfrutado este verano. Durante un mes se recupera el espíritu de un fútbol pleno, sin presidentes, directivas, dineros (como decía mi amama) ni precaución. Un puñado de partidos de fútbol con un solo objetivo, jugar para ganar el torneo.

Por más que repita la palabra no termina de cansarme. Torneo. Uno recuerda los torneos de la Edad Media que veía en películas antiguas. Con Robert Wagner, Robert Taylor o Burt Lancaster jugándose la vida, el honor y el amor. Aquí todo es más prosaico. No se juegan la vida y ganan dinero pero en estas competiciones se valora, sobre todo, el honor. El orgullo de ser el mejor sobre todos los participantes. El orgullo de pertenecer a un grupo de jugadores que representan a todo un país y que ha conseguido eliminatoria a eliminatoria ganar el torneo.

Más de un aficionado que supera ya los cuarenta y los cincuenta recordará al histórico entrenador del Liverpool Bill Shankly. Este hombre de fútbol dijo una vez que “el fútbol no es algo de vida y muerte. Es algo mucho más importante que todo eso”. Tontería para unos, exageración para otros, lo cierto es que no le falta razón, sobre todo en tiempos de torneos internacionales mezclados con momentos tan inestables y electorales como el que vivimos. 

Eso es lo que el fútbol nos deja de bueno estos días de Eurocopa y que habría que extender a lo largo de todos y cada uno de los partidos que vamos a ver (aunque no queramos) durante el año. No todo en la vida es fútbol, es cierto, pero en el fútbol está contenida la vida. El esfuerzo y el orgullo de ganar. Ver cómo a la hora de la verdad sólo vale el fútbol para pasar de ronda. Nada más y nada menos. Donde un despiste, un error y unos nervios inoportunos pueden hacer cambiar el rumbo previsto; donde, sin embargo, una genialidad, un pase inverosímil puede hacer lo contrario; donde cada equipo defiende una idea de tratar la pelota, de encarar al contrario, de ganar, una idea que lo define. Pep Guardiola dice que lo más bonito de su profesión es “planear el partido, el poder de saber lo que va a suceder en noventa minutos”. Porque, al fin y al cabo, apostilla Guardiola, “el fútbol es un juego, que hemos pervertido, pero un juego”. Y por eso, añado, nos gusta, tanto, el fútbol. 

Y que se use el fútbol para evitar hablar de muchas cosas más importantes no es culpa del fútbol. Somos nosotros quienes vemos y quienes decidimos a qué hacer caso y a qué no. Pero como decían en Irma la dulce, esa es otra historia.

Con tantos partidos por delante puede parecer una tontería pero este tipo de torneos me reconcilian con el fútbol, me recargan las pilas para aguantar los gustos y disgustos del fútbol a granel que consumimos durante todo el año. Y gane quien gane, viva el fútbol.

Este artículo nace de un texto publicado originalmente en 2004 en la revista digital Luke.

Un clásico

 

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Este relato ha quedado cuarto en el VIII Concurso de microrrelatos de las bibliotecas municipales del Ayuntamiento de Madrid. En este enlace se pueden consultar los ganadores.

Un clásico

Estantería de una biblioteca pública. Dos libros. Lomo con lomo.

– Oye, ¿y tú de qué vas?

– Yo, soy Don Quijote.

– Ya pero, ¿de qué vas?

– ¿No me conoces?

– Eh, no.

– Pero, ¡si soy un clásico!

– No te ofendas pero es que paro muy poco por aquí. No hacen más que prestarme y viajo mucho.

– Yo también.

– ¿Sí? Nadie lo diría con la cantidad de polvo que tienes.

– Ya te he dicho que soy un clásico.

– Claro, claro.

– ¿Y tú de que vas?

– Ni idea, no he tenido ni tiempo para leerme pero dicen que soy imprescindible.

– Ya, un clásico.

Un sabueso anósmico

Aún no he encontrado mi sitio en Madrid pero he encontrado un bar. No es lo mismo pero es un buen kilómetro cero desde el que empezar la búsqueda. No siempre ha sido un bar. En Montreal, por ejemplo, fue un invernadero. Se trataba de un pequeño palacete de cristal conectado con una biblioteca municipal. El mejor momento era en enero, en pleno invierno. Veinte grados bajo cero, treinta centímetros de nieve y al entrar al invernadero, todo cambiaba. Veinte grados, verde por todas partes y ese calor gordo parecido al de una herida que empieza a curar en la piel. Esa sensación reparadora fue fundamental cuando llegué a Montreal.

Sabuesoanosmico

El Río Narcea tiene otro tipo de calor. El del café con leche en vaso acompañado de una porra recién hecha, el de las conversaciones mezcladas, el de los chistes recurrentes entre camareros y clientes habituales, el de las noches de partido cuando apagan la televisión y encienden la radio para escucharlo. Otro tipo de calor pero igual de reparador; sobre todo el café y la porra.

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