#avionesdepapel

Avionesdepapel

Pistas de aterrizaje improvisadas:

barra de bar, ciudad inesperada, acera rota.

Porque planear no sólo es hacer planes,

el avión amarillo nos trajo aquí mecidos por el viento.

Foto y avión: Marieta Ortega

El efecto Athletic

Aduriz y San José han entrado en la lista de Del Bosque para la Eurocopa y Williams en la de los meritorios. Llorente y Javi Martínez se han quedado fuera. Suena ventajista y a periodismo de bufanda, lo sé, pero esta reflexión quiere ir un poco más allá.

El Athletic, más allá de la bufanda, insisto, es un club especial pero que el fútbol moderno le ha otorgado un espacio parecido al de la Galia de Uderzo y Goscinny, donde incluso la vida cotidiana de la liga se convierte en un Goliath al que batir diariamente. Y en esa batalla diaria se nos olvidan algunas cosas. Continue reading

Días grises

Un acuario cerca de una ventana. Dos peces merodean indolentes. Llueve en la calle.

1014617_10201298571094573_919560038_oHola.

Hola.

¿Por qué corren?

No les gusta el agua.

Qué idiotas.

Sí. La lluvia les pone nerviosos, serios y tristes.

¿Qué es la lluvia?

Pequeñas porciones de agua  que viajan por su mundo en días grises.

¿Nosotros tenemos lluvia?

No.

¿Y por qué no tenemos lluvia?

Porque no tenemos días grises. Siempre son blancos o negros. Nunca grises.

Bueno, así nunca nos ponemos nerviosos, serios y tristes, no?

Eres nuevo, ¿verdad?

Sí.

Entonces, nada.

Objetos que hablan

Disfruto mucho en las ferias de antigüedades, almonedas y desembalajes. Son templos del objeto en los que puedo echar horas y horas buscando piezas que ni siquiera sé que voy a buscar antes de entrar. A mí me interesa, sobre todo, lo menudo, esas piezas que están pegadas a la vida de las personas que las poseyeron, que las hacen presentes a pesar de haber desaparecido hace décadas, que las explican y las definen. Exagero, pero no mucho, si digo que todos esos objetos hablan.

objetos

Los libros de viejo son las piedras Rosetta de las antigüedades. Hablan incluso cerrados. Una vez, sumergido entre libros de una misma vieja biblioteca de una casa vaciada por un anticuario, me topé con una edición francesa de Morir de no morir de Paul Éluard. El ejemplar, editado por Gallimard, estaba deshilachado por el lomo, las hojas estaban carcomidas por las esquinas y la portada, a punto de caerse como si recordara su pasado de hoja caduca. El tiempo había dejado cicatrices obvias pero lo más llamativo fue que a lo largo de todos los poemas de la obra había notas al pie, asteriscos, comentarios, enmiendas a ciertos versos y todo ello estaba manuscrito. La pasión con que el anterior dueño había marcado el libro era emocionante. Su lectura era, al menos, una lectura a tres voces : la de Éluard, la del autor de las notas y la mía. Tres épocas, tres ecos y tres conclusiones que convierten un libro en un elemento vital. Continue reading