‘Oferta’ en Vitoria

El próximo lunes 2 de mayo comienza  el IV Festival Internacional de Poesía ‘Poetas en Mayo’ con una exposición de poesía visual de las obras seleccionadas y premiadas de la cuarta edición del Certamen Internacional de Poesía Visual “Juan Carlos Eguillor” organizado por la Asociación de Escritores de Euskadi. Tendrá lugar en la casa de cultura Ignacio Aldecoa hasta el 28 de mayo. Para ver el catálogo haz clic en la imagen.

 

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El regalo de Silvia

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Silvia Pérez Cruz. Foto: Lurdes  R. Basoli

El arte es intención. El artista procura una transformación, pretende atravesar, pasar de la pregunta a la respuesta, de la duda inconsciente a la consciente. E intenta hacer lo mismo con los espectadores de su intervención. Convertirles en otras personas. Ni mejores ni peores. Otras. Impedir que sean las mismas. Lo bueno del arte, además, es que sus caminos son infinitos y poliédricos. El artista lo intenta pero el Arte decide por dónde ir y a quién transformar.

 

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Regreso al futuro (político)

El escenario de nuevas elecciones parece inevitable salvo por el pequeño detalle de que ningún partido tiene el más mínimo interés en llegar, otra vez, a las urnas. Entonces, si nadie quiere elecciones, ¿por qué no se ve ninguna luz al final de túnel? ¿O sí?

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Vamos a coger el Delorean y viajemos otra vez al futuro.

Tras la espantada de Pablo Iglesias en la reunión a tres con PSOE y Ciudadanos el análisis fue que la formación morada ya estaba pensando en nuevas elecciones. Unos comicios que, salvo al principio de las negociaciones, nunca ha deseado. ¿Por qué prepararía una estrategia electoral cuando aún queda tiempo para seguir hablando? ¿Por qué no pensar que Podemos está preparando un último movimiento, a su manera, para habilitar un pacto de investidura? Veamos. Continue reading

Astarloa

Me paro delante del paso de cebra. Calle Astarloa, esquina Rodríguez Arias. Cojo el móvil y saco una foto del cruce. Compruebo que ha salido bien, guardo el teléfono y sigo caminando. Es la vigésima imagen que tengo de ese lugar. Mientras me alejo vuelvo a coger el móvil y repaso las fotos que he hecho de ese mismo sitio. Encuadres similares pero con gente diferente, luz diferente y resultados diferentes. Cada imagen es fruto del azar. No voy a una hora determinada, en un día concreto para sacar la fotografía. Eso sí, siempre que pasó por ese cruce, miro la placa que anuncia la calle, me paro y desde ahí, est é donde esté, repito la misma operación que acabo de hacer apenas unos minutos antes.

Pero la rutina es un ser tan voraz que, después de veinte fotos al mismo sitio, casi he olvidado la imagen con la que nació este juego. La repetición se ha convertido en lo original, en lo genuino en si mismo.

La primera imagen que originó esta curiosa manera de pasar por un cruce no la hice yo. Se trata de una imagen que sacó Raquel y que me gustó. Tiene intención, es sugerente y deja de ser la calle Astarloa para convertirse en una calle cualquiera; en todas las calles. Con esa imagen aún en la retina pasé por el lugar de los hechos. Reconocí el sitio como escenario de la fotografía y sonreí imaginando a Raquel sacando su imagen. A partir de ahí, se desencadenó el juego de imágenes donde el azar es el único que establece la densa rutina.

El tiempo pasa y vamos perdiendo las referencias. O al menos se van distorsionando. Y llega uun momento en que creemos genuino lo que no es más que una burda copia de lo que un dia fue el ‘clic’ que nos hizo caminar. Esto pasa mucho ahora. Con ideas, personas, sentimientos, incluso besos.

Una vida, una relación, está llena de ellos. La mayoría son besos a granel. Calderilla que damos y nos dan por compromiso, por convención social o por mecánica pura. Una inmensa montaña de besos pequeñitos e insignificantes que tapa aquellos otros únicos, inmensos besos que agitaron la tierra que ahora pisamos indolentes.

Hay ideas que son la base del camino en muchas decisiones. Que motivaron una nueva mirada, un cambio de rumbo. Pero esas decisiones también llenaron de escombros y zarzas esas ideas. Cada vez más lejanas y brumosas, las ideas se vacían si se fuerzan, se adulan, se manosean y acaban vestidas con trajes grises de corbata.

Y personas que abarrotan la existencia sin saber muy bien qué papel juegan en mi vida. Quizás una vez fueron importantes pero el tiempo les ha cambiado las huellas dactilares que nos conectaban. Unas huellas llamadas sentimientos. El tiempo es perverso y caprichoso, y nosotros somos perezosos y miedosos. Es él quien retoca, redibuja y hasta desdibuja esos sentimientos que una vez nos conectaron con alguien. Una vez amé a alguien. Después le odié. Y parecía que aquel odio estaba ahí desde el principio, que no había sentido nada distinto antes por aquella persona. Pero pude recordar aquel ‘clic’ que lo desencadenó todo. Sigo sin amarle pero dejé de odiarle.

A veces es bueno preguntarse por qué hacemos las cosas y buscar esa referencia que lo desencadenó todo. Buscar el original sepultado entre las miles de copias que hemos ido tomando por verdaderas. Sacudirse el polvo de las retinas e intentar mirar más allá de la sombra que proyecta una persona para fijarse en la persona misma. Por eso, de vez en cuando, vuelvo a mirar esa foto nocturna y sugerente de la calle Astarloa, esquina Rodríguez Arias que un día sacó mi amiga Raquel.

Este artículo fue publicado en el periódico Bilbao en su edición de marzo de 2012.

Prosperidad

prosperidadUn hombre entra en el bar con cara de frío, saluda con confianza al camarero y en cuestión de segundos le sirve un café con leche en vaso pequeño con una porra, no tan pequeña, al lado, y como colofón le coloca un vaso de agua fría. Yo mojaba mi churrito escuálido en el café mientras no podía dejar de mirar cómo, no sin dificultad, el hombre, empeñado y hambriento, mojaba la porra en su café de a pocos, para no quedarse sin líquido en el primer intento. Vuelvo a mi vaso y pienso en lo que voy a pedir a la mañana siguiente. Continue reading