Esa sensación de ser el primero…

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Neuronas en el pene

Estoy harto de que para vender un portal de apuestas deportivas online pongan a un chica semidesnuda. De que un banco use la idea de que mirar a otra mujer puede ser infidelidad para vender que puedes ir a su banco teniendo cuenta en otro.  Que para ilustrar una noticia  sobre discos de vinilo pongan la fotografía de una chica, semidesnuda claro, lamiendo un elepé. De viniloque otro banco venda la falta de comisiones con la idea de que por irte de despedida de soltero tienes que pagar la comisión de ir de compras con tu novia. Porque eso es lo que hacen los novios y las novias. De que un nuevo canal de televisión se estrene anunciando que puedes liarte con sus presentadoras.  De que la contraportada de un periódico deportivo publique a una mujer, lo han adivinado : semidesnuda, diariamente. Harto, en definitiva, de que usen a la mujer como un dispositivo para que active las neuronas que llevo instaladas en el pene y que dirigen mis impulsos, mi vida y mis acciones. Porque claro, las mujeres son eso, objetos y los hombres solo tenemos neuronas en el pene. La cabeza, como decía mi abuelo la tenenemos de perchero, lo justo para llevar la boina. Continue reading

El discurso

« Parece imposible que esta sociedad haya sido capaz de resistir décadas de ninguneo político, de corrupción, de pérdida de valores y de saqueo social. Nadie, en su sano juicio, debería aguantar una situación parecida pero lo hemos hecho, lo seguimos haciendo. A la gente no parece importarle que esta sociedad se agriete por cada esquina. A veces me pregunto en qué estará pensando la gente. »

El discruso

Un frenazo devuelve a Ángel al interior del autobús. Apoyado en la barra central, mira de reojo por la ventanilla y advierte que ésa es su parada. Empuja a dos viajeros que se sujetaban de la misma barra y baja del autobús. Ángel siempre lleva los auriculares puestos aunque, la mayoría de las veces, no vaya escuchando nada, ni la radio, ni música. Los usa, principalmente, para evitar que la gente le pare por la calle para pedirle fuego, le pregunte por una calle o le pida unas monedas. Y si le intentan detener, pasa de largo como si no hubiera escuchado nada. No le gusta que le interrumpan. Continue reading

Sinfonía inacabada

Para Ana

Damián abre los ojos.  Se había quedado dormido. Estaba cansado y aburrido.  Como el suero y los antibióticos que le están suministrando por cuatro vías diferentes, el tiempo también pasa con cuentagotas en esa habitación. Ha llegado a contar los agujeritos de la placa de yeso del techo que tiene justo encima. 372 orificios dispuestos en fila creando la ilusión de una rejilla que, multiplicada por el resto de placas, parece difuminar el techo. Pero nadie se fija en el techo cuando entra a la UCI. Tan sólo él. Tres días aquí dentro parecen tres años, se susurra mentalmente. Se encuentra bien. Aunque Damián sabe que es una sensación mentirosa. Cualquiera se siente bien con la metralla de fármacos que tiene en el cuerpo. El milagro es que sienta algo, se dice. Continue reading