Escala con Joseba Lopezortega y el grito

Probablemente sólo es más viejo

Hay una edad, diría que en la difusa frontera entre la infancia y la adolescencia, en la que cuando subimos al monte gritamos mirando lo más abajo o lejos posible. En ese grito nos sentimos poderosos y libres. Es una sensación efímera, pero durante unos instantes podemos sentir que es eterna. También gritamos buscando la respuesta del eco. No siempre responde, pero si lo hace se cumple un sueño: disfrutar de una presencia cuya explicación lógica merece ser sacrificada en beneficio de la naturaleza como magia y misterio. La roca viva: la ilusión.

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El grito sordo de la Madre Coraje de Bertolt Brecht interpretada por Helene Weigel

De mayores gritamos muy poco y en un sentido distinto. Despojamos al grito del placer de la ensoñación y la conquista y lo convertimos en protesta, advertencia o llamada urgida: son las cenizas del grito, su calavera, pero también son una dimensión nueva y potente del viejo rito. En realidad sucede que seguimos esperando una respuesta, seguimos deseando que nuestro grito produzca un eco, un resultado. Por eso los politólogos dicen que el voto a determinadas listas simboliza un grito de protesta o de advertencia. Se diría que lo radical produce ruido, grita, mientras que lo conservador requiere del silencio. Continue reading

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Voces

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Foto: Borja Agudo. Lezama, 2006.

Empezaba la universidad y ya estaba haciendo prácticas como redactor en un periódico deportivo regional. El mundial de fútbol estaba cerca y mi jefe me mandó entrevistar al ídolo local. A la perla de Portugalete: Julen Guerrero. Con mi grabadora de casette, mi cuestionario escrito a mano y mis nervios temblandome por  todo el cuerpo fui a las instalaciones de Lezama donde entrena habitualmente el Athletic. Me identifiqué, pregunté por él y me llevaron a una salita de espera justo al lado de la sala de prensa donde comparecían, aún de manera espontánea y sin tantos medios como ahora, el entrenador y los jugadores del primer equipo. Me senté, saludé a un fotógrafo que preparaba uno de sus objetivos y me puse a repasar mentalmente las preguntas hasta que el ruido que salía de la sala de prensa me sacó de mis nervios y comencé a escuchar las voces mezcladas. Continue reading

Días inversos

Vuelvo a los días inversos. Camino por una calle fría como ese niño que sube por unas escaleras mecánicas que bajan. No voy a negar que esa sensación de ir al revés tiene su aquel. Cuando la gente se apresura a cruzar con el semáforo en rojo porque llegan tarde yo les miro mientras espero pacientemente a que aparezca el muñeco verde que me permita pasar. No me siento mejor que ellos pero es interesante ver el tiempo, por ejemplo, desde una perspectiva diferente.

diasinvertidosAparte de eso, y aunque no lo parezca,sí que hay algo realmente bueno en esto de vivir en el lado vacío del reloj de arena. Algo que anula el insomnio, el escaso contacto con el sol y, en definitiva, el escaso contacto, en general, con lo que me rodea. Lo mejor es ser testigo de cómo el día arranca una y otra vez. En una rutina mágica, todo lo que es oscuro, callado y silencioso se despierta y te das cuenta de que todo vuelve a empezar. No es, sólo, una mirada poética sobre la realidad. Lo digo en serio. Por ejemplo, llega un momento en el que la noche desaparece aunque siga oscurro. Hay un instante en que el sonido cambia, como si la respiración fuera diferente. Y ser testigo de eso me hace ser un privilegiado en cierto sentido. Me gusta pensar que hay algo de ceremonia exclusiva en la que yo soy el único invitado. Pero terminada la fiesta, todo se vuelve más feo. Continue reading