Desvíos

El taxi avanza por la autopista. Ángel mira por la ventanilla y ya distingue el aeropuerto. Suena el móvil. Descuelga.

desvios– ¿Hola?
– Hola. Soy yo.
– Ya. Dime.
– Estoy en el coche. Voy de camino.
– ¿De camino a dónde?
– ¿Cómo que a dónde? Al piso. A buscarte. En diez minutos estoy ahí.
– ¿De qué estás hablando?
– Nos vamos ¿No te han llamado?
– No ¿A dónde vamos?
– No lo sé todavía. Ya saben el objetivo. Eso me han dicho.
– ¿Y quién es?
– Y yo que se. Pareces nuevo, joder. Nunca me lo dicen.
– Tranquilízate, mujer. No sería la primera vez que te dan una foto o alguna pista.
– Nunca tan pronto. Además, qué importa eso. Algún cabrón que merece una bala en la cabeza.
– Claro.
– Ya estoy llegando. Recoge lo que puedas. Vete bajando. Te espero en doble fila.
– No. No puedo.
– ¿Qué? No digas tonterías. Baja.
– Yo también estoy de camino.
– ¿Qué? Pero… ¿A dónde?
– A otra vida. Lejos de ti. Se acabó, Lucía.
– ¿Cómo que se acabó?. Haz el favor de esperarme abajo. No tiene gracia. Tenemos que irnos. Hay que darse prisa.
– Se acabaron las prisas, los objetivos, la organización. Estás sola en esto. Ya puedes esperarme que esta vez no voy a aparecer. Ya no voy a…
– Eh, espera. Me llaman por la otra línea. No cuelgues. Tengo que coger. No cuelgues, por favor.

Él duda pero al final decide esperar.

– ¿Hola?
– Sigo aquí.
– Aquí, ¿dónde?
– ¿Qué pasa, Lucía?
– ¿Eh? Nada. ¿Dónde estás?
– Ah, ya entiendo.
– ¿Qué? ¿Qué entiendes?
– ¿Ya te lo han dicho, verdad?
– ¿Decirme qué?
– El objetivo. Se te da fatal hacerte la idiota.
– ¿Qué cojones has hecho, Ángel?
– Nada. No pensaba que te lo dirían tan pronto.
– ¿Un topo? ¿Cómo hostias has sido capaz?
– ¿Eso es lo que te han dicho?
– Me has estado engañando, joder.
– Escucha. Yo no soy el topo de nadie.
– Ellos dicen…
– A la mierda ellos. Esto es algo entre tu y yo, Lucía. Sólo quiero olvidarme de ti.
– Pero, ¿qué hay de nosotros? Era nuestro ideal. Es nuestra causa.
– ¿Nuestra? Tú eras mi única causa. Te seguí como un imbécil compitiendo con esos putos ideales que te han lavado el cerebro. Se acabó.
– Voy a buscarte, Ángel.
– Te quiero, Lucía.
– Te encontraré, cabrón.
– Buen viaje, mi amor.

Cuelga. El taxi está a punto de dejar la autopista. Un poco antes, Ángel baja la ventanilla y tira el móvil.

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Este relato quedó en tercer lugar en el II Concurso de relato corto de La Cultural de Montreal.

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