Malos padres. Carta abierta a Carlos Gorostiza

Querido Carlos:

Leo habitualmente tus artículos con interés, los comparto en las redes sociales y los comento en dichos espacios. Es lo que he hecho, también, con uno de ellos titulado La izquierda yerma. Me ha resultado interesante pero ha suscitado varias reflexiones que no se pueden despachar en un comentario de 140 caracteres y que me gustaría compartir contigo.

Pacifier

Estoy de acuerdo con esa sensación de recibir consejos perfectos, limpios de realidad, de quien participa de la paternidad/maternidad desde fuera y lo ve todo claro e indudable. Yo soy treintañero y no tengo hijos pero sí sobrinos y amigos con familia reciente. Sin embargo, me cuido muy mucho de dar consejos y advertencias porque sé, precisamente por estar cerca de esas circunstancias, lo complicado que es ser padre o madre y tener que vivir de oído en algo tan esencial como la educación de los hijos.

Pero también te digo que, por esta misma condición, veo padres que usan ese qué sabrás tú como cortafuegos ante cualquier comentario, desautorizándolo por el único hecho, importante no cabe duda, de que no he tenido hijos. Es cierto, no soy padre pero igual tengo un punto de vista interesante que merece ser escuchado ya que, no obstante, los padres con los que hablo y yo somos amigos. 

Dicho esto me parece un error de enfoque usar ese ejemplo para trasladarlo a la política. Un error porque abunda en la idea de que la sociedad española necesita padres (con la connotación patriarcal que tiene el término) que tutelen a dicha sociedad. Y esta sociedad no necesita padres, no necesita tutelas, no necesita manos en el hombro, no necesita consejos. Esta sociedad se necesita a sí misma.

Y creo que el PSOE ha adoptado esa postura paternalista de con quién va a estar mejor España que con su padre progresista. Y, como consecuencia, ha perdido ese lugar desde donde solía ver las cosas a la misma altura que de la sociedad a la que dice representar. Tanto que la gente no le reconoce. Coincido en que esta sociedad ha avanzado gracias a la progresía, encarnada políticamente en el PSOE como partido mayoritario, pero esto no constituye un valor en sí mismo. La propia condición de persona, padre o hijo no supone algo bueno. Todo depende de cómo actúes como persona, padre o hijo. Y lo mismo pasa con los partidos políticos.

El PSOE lleva años mirando a la sociedad por encima del hombro. No sabemos si la posición de esa izquierda yerma como tú la llamas acabará permitiendo que el PP vuelva a gobernar (algo que me suena al discurso del miedo de otros). Lo que sí sabemos es que el PP obtuvo mayoría absoluta aun perdiendo miles de votos porque el PSOE vendió su alma al diablo porque quería ser un buen padre. El PSOE cree que traicionar principios es gratis, que todo vale si lo hace por nuestro bien. Cree que ser buen padre es dejar de creer en lo que le ha convertido en líder.

Pero vayamos más cerca, a una situación que tú conoces muy bien y que seguro me vas a corregir si me equivoco. Patxi López consiguió, aprovechando la ola del socialismo en España, abrir una vía que reconocia a aquellos que no son nacionalistas vascos ni españoles. Con ese impulso, inteligente a mi juicio, y unas circunstancias muy concretas pudo tocar la aldaba de Ajuria Enea. En una decisión valiente, pero discutida e histórica, pacta con aquellos de los que antes buscaba alejarse. Y después de ese esfuerzo, en vez de gobernar con igual valentía en una gestión nada fácil, lo hace con temor a unos y a otros.

Algo parecido pasó en las últimas elecciones municipales y forales. En un momento en el que es necesaria una voz opositora fuerte, sólida y reconocible, el PSE decide hacer un pacto general de gobierno con el PNV. Un acuerdo para que todo siga igual, para asegurar presencia municipal y cargos públicos. Llamar a esa izquierda fértil y cotidiana es, a mi juicio, exagerar y aunque reconoces errores y titubeos, éstos parecen formar parte de una inercia, cuando hay errores y titubeos que pueden no cometerse dada la experiencia que, dices, atesora el PSOE.

En una entrevista de Pablo Iglesias a Iñaki Gabilondo, el ahora candidato de Podemos le contaba cómo veía el proceso de la Transición, con la seguridad del profesor estudioso, llamándolo Régimen del 78. Iñaki Gabilondo le dijo que, compartiendo algunos aspectos de su punto de vista, “en esos años hicimos lo que pudimos; y eso es lo que te va a pasar a ti, Pablo. Vuestra generación hará lo que pueda y no lo que quiera”. Yo estoy de acuerdo. Cuando la realidad aparece, la teoría necesita horas de gimnasia para adaptarse. Pero ni siquiera esa afirmación que todos compartimos sirve para justificar todo lo que se hace. Incluso en el contexto de la tozuda realidad hay sitio para líneas rojas que no se deben pasar. Y si se traspasan no será gratis.

Creo, sinceramente Carlos, que al PSOE le molesta que la gente se olvida de que es este partido quien ha impulsado a la sociedad española en derechos y progresismo y esa misma sociedad empieza a confiar en otros para comenzar otro impulso (lo que yo diría que también le da envidia). Lo que de verdad le debería molestar es que quien lo ha olvidado es el propio PSOE.

Siempre interesado por tus reflexiones,

Un saludo.

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One thought on “Malos padres. Carta abierta a Carlos Gorostiza

  1. Tu carta es un honor, Joel.
    A uno, como sabes, siempre le queda la duda de si de verdad alguien le lee alguna vez y tu carta demuestra que hay quien lo hace y, además, con atención e interés.
    Voy a aceptarte algunas cosas, y otras no, naturalmente.
    Mi interés al establecer un paralelismo entre personas con hijos y personas sin ellos solo tenía como objetivo remarcar que es más fácil enfrentarse a los problemas desde la teoría que desde la práctica, siempre más sucia, compleja e imprevisible. Aunque de entrada aclaraba que no hay valoración moral alguna, reconozco que el símil tenía mucha fuerza e, inevitablemente, invitaba a seguir el hilo que tú has seguido pero yo no.
    Así que a mí no se me ocurrió equiparar como un “padre progresista” al PSOE, que solo es un partido. El mío pero uno más. De hecho una de las cosas que más me revientan es la actitud dimisionaria de tantos ciudadanos que lo que buscan es alguien que les ofrezca soluciones simples y sin efectos secundarios, como si se tratase de meros consumidores ¿o tal vez de hijos?
    En consecuencia estoy contigo en que la sociedad española no necesita padres, ni progresistas ni de los otros, sino que “se necesita a sí misma”, en una expresión tuya que me parece brillante y que ya te anticipo que en algún momento encontraré ocasión de usar (citándote, naturalmente).
    Sobre el hecho de que la división de la izquierda abra las puertas del poder a la derecha lamento que te parezca una apelación al miedo. No era esa mi intención sino la de expresar una realidad insoslayable o, si lo prefieres, un efecto secundario inevitable, de esos que las personas adultas tenemos que saber que vendrán si tomamos una decisión en lugar de otra. Recuerda a Erick Fromm: “elegir es renunciar”. O sea que no hago sino trasladar a una realidad, incómoda, pero cierta, en una actitud que –me reconocerás- es propia de quien habla con adultos. A mí me parece que lo paternalista sería, justamente, ocultarlo o disimularlo, para no dar un disgusto a “los chavales”.
    Tampoco estoy contigo en que todos compartamos eso de que la teoría necesita horas de gimnasia para adaptarse. Tal vez tú y yo sí pero hay miles de militantes de los principios inalienables que no se bajarán nunca de ellos y a ellos me refiero en el artículo. Puede que el PSOE haya traicionado (o hecho demasiada gimnasia, como dices) con los principios pero sigo creyendo que el resultado es mucho y la alternativa de los puros ha sido siempre la nada.
    Tal vez un día el PSOE sea sustituido por otra cosa. Está por ver pero de lo que estoy seguro es de que “eso” que lo sustituya será la apuesta de una generación que “hará lo que pueda y no lo que quiera”. Será, en definitiva, una socialdemocracia, se llame como se llame y no dudes de que le saldrá una izquierda yerma y pura, vigilante de los principios inmutables, cuya única obsesión será terminar con ella.
    No me atrevo a meterme aquí con el tema del PSE, que dices, por dos razones que comprenderás: porque lo conozco demasiado bien y demasiado de cerca y porque podría darme para folios y folios. Mejor una cerveza y nos explayamos. Tendrán que ser varias.

    Un abrazo

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